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PARTIDO NACIONALISTA DE PUERTO RICO
MOVIMIENTO LIBERTADOR

martes, 7 de diciembre de 2010

Sahara: de la traición al genocidio

La semilla de otra guerra ha sido plantada





por Carlos Medina Viglielm


La situación de estancamiento de 35 años que sufre el pueblo saharaui fue rota brutalmente por los militares marroquíes que atacaron a mujeres, niños y ancianos desarmados en el campamento Dignidad en El Aaiún. Diversas organizaciones españolas y saharauis convocaron a una jornada de protesta y Madrid fue conmovida como pocas veces antes.


Increíblemente quien escribe desde Montevideo, gracias a la comunicación satelital y a la atenta disposición de los operarios de CX36, una emisora de radio AM uruguaya, pudo escuchar parte de la proclama del acto, los gritos de “queremos guerra” de los jóvenes saharauis y el “¡Viva el Sahara libre!” de Javier Bardem. Lo que no se ha podido escuchar todavía, es el voto de condena del gobierno español.


A pesar de que la situación en el Sáhara Occidental demostraba ser cada día peor, por la expulsión de periodistas o la negativa por parte de Marruecos de autorizar la visita de legisladores españoles, José Luis Rodríguez Zapatero, manifestaba en Seúl, al término de la reunión del G – 20 que "Los intereses de España son lo que el Gobierno tiene que poner por delante”. No es cierto.



Por su parte un poco antes, la ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, aseguraba que “los periodistas españoles de la Cadena Ser que van a ser expulsados del Sahara Occidental no están detenidos”. Mientras, los periodistas mismos sostenían que "Si la ministra (de Exteriores) dice que estamos retenidos, yo digo que estamos detenidos en el aeropuerto de El Aaiún", - explicaba en la cadena Ser Àngels Barceló-, "porque cuando uno no se puede mover libremente, está detenido".

¿Qué es más grande, la torpe inoperatividad del gobierno español, o su desvergüenza?


Es difícil establecerlo. Lo que sí se puede establecer es que lo uno más lo otro terminó facilitando un acto de genocidio. Y mucho más de lo que ya ha costado, en sufrimiento, en persecución a gente indefensa, en muertes, en frustración y desesperanza, será lo que va a costar la Masacre de El Aaiún en el futuro.


¿Como podemos los pacifistas, bregar por la paz, si quienes dicen desde el poder estar interesados en ella, miran para otro lado cuando se vierte combustible al fuego de la guerra? Más allá de conservar sus prolijos guantes blancos del “no meterse en -supuestos- asuntos ajenos”, el gobierno español tendría que haber reaccionado ante los primeros e inequívocos síntomas de lo que estaba por suceder en el campamento saharaui. Al menos por la razón del artillero, porque el incendio, está apenas del otro lado de la calle.


Puede que a muchos llame la atención la acción criminal de los marroquíes, de lo cual, a pesar del bloqueo infame a la información se ha podido saber, gracias a las nuevas tecnologías de comunicación. Hace treinta o cuarenta años, esta masacre hubiera pasado desapercibida como lo pasaron otras, cientos de veces antes. Esto los marroquíes deben saberlo. ¿Porqué entonces, tal despliegue de brutalidad? Tiene que ser y es algo que va más allá del afán de represión contra los legítimos intereses de independencia de un pueblo, manifestados pacíficamente la mayor parte del tiempo: el interés de provocar una situación de conflicto armado.


Zapatero y su equipo de gobierno siguen desconociendo las actuales razones de la guerra. El fin primordial de la existencia de la potencia mayor del mundo, los Estados Unidos de Norteamérica, es la promoción de la guerra. Eso mantiene a gran parte de su industria, su mano de obra y sus ejércitos en movimiento y crecimiento. Esto último como garantía en el control de los territorios desde donde proveerse.


Ahora es un poco tarde. El objetivo primario ha sido alcanzado. No importa mucho si en beneficio directo del rey de Marruecos o de su aliado Sarkozy. El objetivo perseguido por los técnicos promotores de la guerra (que no tienen patria), se vio sintetizado en los gritos de los jóvenes saharauis en Madrid: “¡Queremos guerra!”.


Si el gobierno español pusiera por delante verdaderamente los intereses de España, habría hecho lo posible por impedir la masacre. Ahora los españoles van a tropezar otra vez con la misma piedra. Se verán comprometidos en otra guerra y esta vez en el patio del frente de la casa. Parece que ya han olvidado las consecuencias que les trajo mezclarse, arrastrados por Aznar (todavía sin enjuiciar), en la criminal cruzada de saqueo dirigida desde Washington y que ya dura nueve años.

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