NACIONALISMO: La Patria organizada para el rescate de su SOBERANIA

PARTIDO NACIONALISTA DE PUERTO RICO
MOVIMIENTO LIBERTADOR

martes, 1 de mayo de 2012

Al Comandante Tomás Borge Martínez


1  de mayo de 2012
                                      
Comandante  Borge, amigo.
               A  través de los años nos encontramos en Nicaragua, Panamá, Ecuador, Cuba y      Puerto Rico.   Fue gracias a usted, compañero, que tuve  un pasaporte—el único  que he   tenido—nicaragüense, pues no reconozco ninguna legitimidad a la imposición de la ciudadanía estadounidense a  los  puertorriqueños y,  por lo tanto, no uso el pasaporte      estadounidense-­- anglosajón.   Viajaba con mi acta de nacimiento  y licencia de conducir, ambos  documentos   puertorriqueños.

Recuerdo que hará unos cuantos años iba para Nicaragua vía Panamá.   En el aeropuerto de Panamá  me detuvieron por 17  horas sin darme la autorización de vuelo porque   rehusaba  identificarme como ciudadano “americano”.    En  mis documentos,  yo    indicaba que era  ciudadano puertorriqueño.  Estuve en esa discusión  con los  oficiales  de     inmigración panameños  hasta que llegaron  los funcionarios de la línea aérea nicaragüense  y por fin pude alzar vuelo hacia Nicaragua.
Ya en el hotel Panamericano en Managua, le contaba al compañero  venezolano      Freddie  Balzán sobre  mi agria  experiencia en el aeropuerto de Panamá.   Caminaba usted  cerca de  nosotros,  se  detuvo y se unió a nuestra conversación.   Me dijo: Ve mañana  al Ministerio  del Interior que  tendrás tu  pasaporte.   Así fue.  Gracias, Comandante.


Nuestro  encuentro  en  Puerto Rico  fue el  25  de  julio de  1998,  en los  actos  de   protesta  con motivo del  centenario  de  la  invasión  militar estadounidense  a  Puerto Rico.  Me  estoy  sonriendo  al recordar que en la  ciudad de Panamá, durante el Congreso Pro   Independencia  de Puerto Rico,  nos encontramos  y  le presenté a mi  esposa.   Usted muy  galantemente dijo que era una mujer  hermosa y ahí mismo se ganó su simpatía.                                   Bueno,  Comandante,  mis expresiones de solidaridad,  no solo para el pueblo   nicaragüense,  sino para  todos  los pueblos latinoamericanos  y  caribeños pues su vida ha sido de mucho significado para todos.                                                          
           Sabiendo que era usted poeta, pretendí serlo yo también y aquí le escribí estos versos.  
              
Comandante  y soldado  de la Patria

 












No  le  digo  adiós,   comandante  Borge,
Pues hoy  más  que  nunca  vive  usted,
vive  en  el  alma de los que tienen fe
de  que  la  justicia sí  puede  vencer.        

Vive usted,  como  sigue  vivo  el  Ché,
sigue usted  tan  vivo como  Sandino,
y  vivirá  usted  en  el espíritu,
de   los que  no  se  arrastran  ante  el  poder.

Gracias,  soldado  de la  Patria,
nos vimos  a  través del  continente,
su  estrechón   de mano  siempre fue  fuerte
y  su sonrisa,  la  de Nicaragua.


                                                  
RAFAEL  CANCEL MIRANDA
Ex  prisionero político
San  Juan,  Puerto  Rico

viernes, 6 de abril de 2012

LA RECURRENTE FIEBRE MALVINERA Y EL ANTIIMPERIALISMO


por  Guillermo Almeyra
 
Antes que anda, una premisa. Las Malvinas son argentinas pues fueron arrebatadas por la fuerza, poblada con colonos extranjeros y mantenidas con la ocupación británica desde los primeros años del siglo XIX, en 1833 y desde entonces todos los gobiernos argentinos denuncian regularmente ese despojo. 
 
 Sin embargo, el reclamo por las Malvinas sólo pasó al primer plano de la política nacional durante dos períodos: el del comienzo de la agonía de la dictadura militar, jaqueada por huelgas, manifestaciones y movimientos de masa y el de la segunda presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.
 
En efecto, ésta no dijo ni hizo nada importante al respecto durante su primer mandato o cuando era senadora durante el menemismo y lo mismo hicieron todas las dictaduras que se sucedieron desde 1955 hasta 1976 y los gobiernos de Perón y del peronismo. Si la dictadura militar  creyó poder  instrumentalizar el caso de la usurpación de las Malvinas como diversivo para reforzar su poder y su prestigio declinantes y se lanzó a una aventura pensando que no provocaría una guerra, temo mucho que el gobierno argentino actual llene sus medios de información con el reclamo legítimo de la devolución de las islas colonizadas por el Reino Unido no por un repentino prurito antiimperialista sino para no tener que hablar de  aumentos de salarios, de la depredación causada por la gran minería y por la soja, de problemas ferroviarios y energéticos, de la ley antiterrorista impuesta a pedido de Obama. 
 
 
Además, creo también que el 14 de junio, cuando la presidenta participe en el Comité de Descolonización de la ONU, reiterará la justa exigencia de la devolución de las islas y la denuncia del colonialismo británico pero no pedirá al mismo tiempo el fin de la colonización de Puerto Rico, que está ocupado por Estados Unidos desde 1898, ni el de la colonización de los territorios usurpados por Israel a los palestinos.
 
Lo peor de toda esta ola retórica y de esta explotación de un tema  sentido por todos los latinoamericanos para cubrir una política conservadora es que en ellas participan sectores progresistas que pierden la cabeza al sentir las fanfarrias del nacionalismo. Recordemos que el nacionalista “socialista” Jorge Abelardo Ramos, tan recordado y recomendado por la presidenta, fue el último civil que visitó las Malvinas cuando la aventura de la dictadura ya demostraba su fracaso. 
 
 Recordemos también que los Montoneros exiliados fletaron un avión para combatir bajo el mando de los dictadores que habían asesinado a decenas de millares de militantes  de todo tipo y oprimían al pueblo argentino. Registremos igualmente que la izquierda argentina  en su inmensa mayoría, desde varios grupos que se autoproclamaban trotskistas hasta socialistas y comunistas, secundó la aventura militar de la dictadura.
 
La base “teórica” de tal posición aberrante fue que Inglaterra era un país imperialista y Argentina uno semicolonial, dependiente Sólo unos pocos en el país y un puñado en el exilio nos opusimos a la guerra. En mi caso publiqué de inmediato en el diario mexicano Uno más uno un artículo en el que explicaba que el enemigo principal era la dictadura, que las Malvinas eran argentinas pero también lo eran los muertos y desaparecidos,  que una eventual victoria de la dictadura reforzaría a Galtieri y los demás asesinos, que la guerra dificultaría el desarme británico en curso (en efecto, el mismo se suspendió ) y reforzaría al sector más colonialista, empezando por fortalecer a la Thatcher (que inmediatamente después de la guerra aisló y aplastó a los mineros en huelga) y que el nacionalismo fomenta nacionalismos opuestos. Alberto Di Franco, Adolfo Gilly y ese gran socialista e historiador que fue Sergio Bagú sostuvieron la misma posición, que provocó mucha polémica entre los exiliados y en el seno de la izquierda mexicana.
 
¿Cuál había sido hasta entonces la actitud de la izquierda mundial? Apoyar la resistencia a la colonización o la sublevación contra el colonialismo de los pueblos víctimas de éste, como sucedió en el caso de la rebelión tribal norafricana de Abd el Kader contra franceses y españoles en los años veinte o las guerras de liberación en Argelia o en Indochina en los años cincuenta y sesenta. Incluso Trotsky formulaba la hipótesis de que ante un ataque de “la democrática” Inglaterra contra el Brasil gobernado en los treinta por la dictadura de Vargas, había que defender al país semicolonial agredido contra su agresor imperialista “democrático”.
 
Pero la guerra de las Malvinas fue desatada por la dictadura argentina y no por Inglaterra y se trataba de una maniobra diversionista realizada por un gobierno que colaboraba con la CIA, que tenía torturadores en Centroamérica y  era anticomunista, anticubano y proimperialista en lo internacional y un salvaje opresor de los trabajadores y del pueblo, en nombre de su alianza con la oligarquía y con las transnacionales. Cuando como muchos exiliados (por ejemplo Juan Gelman) saboteamos el campeonato mundial de fútbol que la dictadura utilizaba para ganar legitimidad y apoyo popular recurrimos al mismo derrotismo: lo mejor para los trabajadores argentinos era la derrota de la aventura porque acortaría la vida de la dictadura (tal como sucedió) y porque la guerra inoculaba nacionalismo en Argentina y en Inglaterra en vez de desarrollar las ideas internacionalistas, pacifistas, socialistas.
 
No es de extrañar pues que ahora no se recuerde que hubo gente que mantuvo una posición principista, opuesta a la idea de que quienes se enfrentan son los Estados (que además se confunden con sus gobiernos)  y basada en cambio en la diferenciación entre las clases explotadas y oprimidas, que son el país real, y las clases dominantes  que están unidas, a pesar de sus disputas y de las fronteras, por la defensa del régimen de explotación. Quien no aprende de la experiencia pasada es peligroso para su pueblo y la democracia.  

 

martes, 20 de marzo de 2012

EL OLVIDO DE LA MUJER -DERECHAS E IZQUIERDAS FRENTE Al CAPITALISMO PATRIARCAL

A propósito de la violencia y los feminicidios
 Por Narciso Isa Conde

Que las derechas pro-capitalistas sean machistas hasta el trágico desbordamiento de sus implicaciones, es algo coherente con el sistema de explotación y opresión que representan.   Esto no bebe sorprender porque la conversión de la mujer en instrumento sexual, económico y social del hombre, que data de muchos milenios atrás, se ha convertido en algo extraordinariamente funcional al capitalismo, a su fase de sobre-explotación neoliberal, al proceso de mercantilización extrema de las relaciones humanas y potenciación de los egoísmos de quienes ejercen y disfrutan del poder.   La congruencia de la explotación capitalista con el trabajo doméstico femenino no remunerado y mal remunerado, con la discriminación salarial por sexo, con  la precarización de los contratos de explotación por la condición mujer, es sencillamente esencial a la mezquindad y afán de lucro de la clase burguesa.    La nefasta armonía entre el interés del hombre que asume a la mujer como su propiedad y del capital bajo propiedad de los hombres, es más que evidente.   La creciente violencia de la dominación social, cultural y estatal de estos tiempos es perversamente armónica al incremento de la violencia contra todos los sectores discriminados y subordinados, y muy especialmente contra la mujer humilde.   La complementación entre la explosión mercadológica del negocio del sexo en función de la satisfacción del placer masculino y toda la dinámica del sistema capitalista en proceso de degradación y senilidad (extracción de plusvalía, maximización de las ganancias por vías extralegales y “extra-económicas”, concentración de poder y riqueza, corrupción-delincuencia-narco-corrupción, empleo de la violencia como recurso de saqueo, extorsión y sometimiento…), es sencillamente fabulosa.   Y ninguna de estas imposiciones y relaciones de poder y explotación ceden- ni siquiera en aspectos limitados- sin una contrapartida fuerte que la obligue.   De esa realidad dominante se derivan las aberraciones en las relaciones de pareja y familia, que en fases explosivas como la actual, escandalizan –no sin grandes  hipocresías- hasta a los agentes de la dictadura mediática capitalista-patriarcal y a la partidoracia que le sirve: feminicidios, golpizas, torturas psicológica y física, asesinatos de los hijos, suicidios, acoso, abandono…   Esto no es –como profusamente se pregona- simple violencia “intrafamiliar”, sino violencia sistémica, violencia derivada de la ideología y cultura dominante, y especialmente de la nefasta amalgama capitalismo-patriarcado que la genera.   Como también es sistémica la impunidad que la protege y reproduce (policial, militar, política, judicial, eclesiástica...), y la propaganda, cultura y publicidad mediática que la estimula; siempre abrazadas al pensar y al quehacer político y filosófico-religioso hegemónico.
En todo caso lo intrafamiliar de este fenómeno es solo el escenario en que se produce cuando la violencia tiene lugar entre parejas, en el seno de la familia o del hogar. Pero sus causas fundamentales son inseparables de las esencias de la clases dominantes-gobernantes y de la masculinización despótica del poder que ejercen sus grandes beneficiarios desde dentro y desde fuera del Estado contra la mayoría de la sociedad.   Igual resulta -en sus concretas dimensiones y con sus especificidades- la manera como el gran capital incorpora a su dinámica de explotación-exclusión la demás discriminaciones (racial, generacional, homofóbica, xenofóbica…) y la expoliación-contaminación de la naturaleza.     • El "olvido" de la mujer por las izquierdas.   Si bien todo esto es desgarrador, aunque coherente con la “naturaleza” de las fuerzas dominantes, duele y resta mucho a la causa libertaria en materia de opresión de género, la específica y grave incongruencia de las izquierdas consecuentes con las luchas contra el capitalismo y el imperialismo en tanto sistema explotador y saqueador e inconsecuentes en el combate a la opresión patriarcal que acompaña la explotación capitalista.   Es, en fin de cuentas, el producto de un pensamiento emancipador parcial, limitado al trascendente tema de la explotación de clase, pero atado en buena medida -o fuertemente influido- por los intereses generales y grandes favores particulares del patriarcado al ser masculino.   Es producto del “olvido” de la mujer por una izquierda anticapitalista, antiimperialista, incluso pro-socialista y hasta comunista, pero fundamentalmente y hegemónicamente masculina y masculinizada; además de sensiblemente autoritaria y  estatista, sobre todo a partir de las deformaciones de las primeras revoluciones obreras, campesinas y populares de orientación socialista.   A lo largo del siglo XX y en lo que va del XXI esa ha sido una realidad preponderante, que solo en años recientes ha comenzado a agrietarse por la embestida de la teoría de género de corte revolucionario y en general por los aportes de todas las corrientes feministas. Esto pese a loables esfuerzos anteriores de una minoría de mujeres militantes del socialismo, lúcidas en el tema vinculado a la lucha de clase y rebeldes frente a su condición sector discriminado, y también de las contribuciones de unos pocos hombres consecuentes en esa materia relacionada con la emancipación de la humanidad.  Así las cosas, el peso determinante del machismo en las mentes y los corazones de los hombres que han dominado las estructuras dirigentes y de base de las izquierdas y de los movimientos populares, y el predominio de la concepción patriarcal que ha dominado la historia de la humanidad hasta la fecha, le han restado integralidad emancipadora a las luchas que se han librado; y, además, han contribuido a disminuir y a bloquear las energías redentoras de las mujeres Y de los componentes femeninos de las diversas clases explotadas, excluidas o afectadas por el gran capital.   Esta valoración no obvia el enorme peso de la cultura patriarcal sobre las propias mujeres, como acontece con la ideología del capital sobre los/as trabajadores/as.

Las izquierdas cultivadas en el pasado siglo, dolorosa e injustificablemente, han sido machista; y muy resistente al tema, sobretodo después de decirse tantas verdades sobre el patriarcado derivadas de valiosas investigaciones. Desde el "olvido" en el Manifiesto Comunista de la cuestión femenina hasta el desprecio de los varones revolucionarios por el significado desgarrador de la doble opresión de la mujer y del imperio del patriarcado, pasando por una persistente doble moral frente forma de opresión, esas izquierdas en gran medida -salvo ciertas excepciones y no pocas proclamas formales y hasta hipócritas- le han dado de lado a tan importante cuestión.   Y lo que es peor han despreciado el contenido de justicia que encerraría, que junto a la emancipación de las clases y sectores explotados, la liberación femenina sea consecuentemente asumida en tanto abolición de la opresión de género combinada con la erradicación de la explotación de clase y el fin del capitalismo.   En tanto lucha por el socialismo y el comunismo integral. En consecuencia: un enorme potencial liberador ha sido desatendido, menospreciado y no pocas veces golpeado y vejado. La relegación de las demandas de género, la exclusión y discriminación en las instancias de decisión de esas izquierdas, la aplastante mayoría numérica masculina, la exclusión del género femenino del lenguaje, las burlas, el maltrato o la subestimación de las compañeras, el maltrato en el hogar, la constante reproducción de las ideas y prácticas patriarcales… han copado también las filas de las izquierdas y ha provocado costosas segregaciones de los movimientos feministas que se han venido conformado y potenciando con especial dignidad. Más allá de cierta legislación favorable y de ciertos discursos formales, la discriminación estuvo y está presente hasta en procesos revolucionarios y en las llamadas "sociedades socialistas" o regidas por regímenes de izquierda. A duras penas, dentro y fuera de las izquierdas, con muchos sacrificios v amarguras, los movimientos feministas han logrado perforar o debilitar limitadamente esa coraza machista que protege una de las dominaciones más antiguas de la sociedad humana, desde una actitud evidentemente autodefensita de los privilegios que ofrece esa relación desigual. ¿Cuántos "cuadros" valiosos le han restado esa actitud y esa concepción machista a nuestro movimiento? ¿Cuántos destacamentos femeninos combativos han sido bloqueados? ¿Cuántas potencialidades emancipadoras han sido despreciadas? Las mujeres del mundo siguen cargando con el mayor peso de la opresión, terriblemente reforzada en la era neoliberal, expresándose mayores índices de pobreza, en más precarización del trabajo femenino y en más feminización de la fuerza de trabajo, sin que hayan sido liberadas de doble jornada: una mal pagada (la remunerada extra-familiar) y otra sin sueldo (la doméstica).   Además, con niveles alarmantes manipulación de los atributos femeninos y clientelización de su ser y su ciudadanía. Crece la paternidad irresponsable, crece el número de madres solteras. Crecen, dentro de un sistema que convierte todo en mercancía, la comercialización de su cuerpo, su sexo y  su imagen y la desgarradora humillación espiritual.   Crece la violencia de género junto a la violencia capitalista en sentido general y global.   Crece la violencia contra la mujer en la relación de pareja, en la vida familiar, en el  negocio del sexo, en el tráfico de personas, en el trabajo, en el desempleo, en el empobrecimiento, en la sociedad toda.   Crecen los feminicidios   Y crece la violencia opresora contra la mujer -y se torna más dramática- a pesar de las luchas femeninas y de sus conquistas tangibles e intangibles como represalia patriarcal-machista contra ellas e incluso como venganza personal ante sus reclamos de respeto a derechos formalmente consagrados o ante el ejercicio autónomo de los mismos.  



Es tiempo ya para un viraje serio, profundo, radical de esas izquierdas a favor de una inseparable relación entre lucha de clases y la emancipación del género femenino.   Es tiempo para que lo mejor, lo más reflexivo y con mayor capacidad crítica y auto-crítica de las izquierdas masculinas y masculinizadas, dejen de serlo.   Esa sería una formidable contribución a esa causa y especialmente al desarrollo de una naciente nueva izquierda juvenil, masculina y femenina, trabajadora y estudiantil, que comienza a emerger con bríos innovadores.   Esto estimulará a que esa fuerza naciente  confluya, junto a todo lo autotransformador y renovado revolucionariamente, hacia la conformación de un torrente diverso, radical e integralmente transformador; y a su creciente participación en los combates contra el tenebroso y decadente capitalismo machista, racista, adulto-céntrico, ecocida, homofóbico, xenófobo… estremecido en la actualidad por la peor crisis de su historia.   Así habrá de crecer nuestra autoridad como parte del torrente transformador por la democracia real, el socialismo participativo y el mundo solidario que tanto anhelamos.
1 de diciembre 2011, Santo Domingo, RD.

jueves, 1 de marzo de 2012

¿Se repite la farsa?

por Rafael Cancel Miranda

Si ponemos todo lo nuestro
en manos de los extranjeros
verás que de haber sido dueño
pasarás a ser pordiosero.
Pues como bien dijo don Pedro
allá por los años cincuenta
o nos libramos del imperio
o nos quedaremos sin Patria.


En estos días me preguntó un reportero acerca de un llamado plebiscito sobre el futuro de Puerto Rico en el cual podrían participar los extranjeros que juren ciudadanía, pero no así los puertorriqueños que residen fuera de Puerto Rico. Respondí que cualquier plebiscito en la colonia sería ilegal y fraudulento pues el poder colonial y sus serviles controlan la vida sociopolítica, económica y hasta síquica del pueblo puertorriqueño. Y, además, ¿de qué ciudadanía hablan? ¿Qué ciudadanía juraría un extranjero? ¿La puertorriqueña o la estadounidense? Ya sabemos de qué lado estarían esos extranjeros y por qué. La ciudadanía estadounidense de por sí constituye una ciudadanía extranjera ilegalmente impuesta en Puerto Rico. Por otra parte, los puertorriqueños, no importa dónde se encuentren, siguen siendo puertorriqueños.




En 1952 el gobierno de Estados Unidos intentó engañar al mundo con un supuesto “plebiscito” para la creación del llamado ELA. Declararon en ese entonces que por virtud de ese “plebiscito” Puerto Rico había dejado de ser colonia. Ya casi 60 años después, todos saben que aquello fue un engaño pues los mismos comités nombrados por la Casa Blanca han afirmado que Puerto Rico sigue siendo una colonia, confirmando así lo que Lolita Lebrón, Andrés Figueroa Cordero, Irvin Flores Rodríguez y yo fuimos a denunciar en el
Congreso de Washington, D.C. el 1 de marzo de 1954.
Podríamos ampliar, pero no lo haré. Simplemente diré que los yanquis no hicieron ningún plebiscito en 1898 para invadirnos. ¿Por qué tendrían que hacerlo para irse? Es la misma treta, con las mismas palabras, para justificar ante el mundo el coloniaje al que nos tienen sometidos. Muchos puertorriqueños fueron engañados en 1952. No caigamos en la misma trampa. Además, el derecho de los pueblos a su independencia no es cuestión de tanto más cuanto, y solo los libres pueden votar libremente. No hay poder que pueda alterar esa verdad.

 

En el 58 Aniversario del Ataque al Congreso

Por José Manuel Torres Santiago


5 congresistas tiroteados en la Cámara por 3 nacionalistas puertorriqueños. 
 
Lluvia de balas disparadas desde la galería.

 Capitolio en conmoción, mujer y cómplices rápidamente desarmados. Les imponen altas fianzas
Así leían los titulares de primera plana del periódico The New York Times del martes 2 de marzo de 1954, al informar del ataque armado ocurrido el día anterior de un comando suicida de nacionalistas puertorriqueños contra la Cámara de Representantes de Estados Unidos.
 

Los congresistas estaban en sesión, y discutían un estatuto relacionado con los inmigrantes indocumentados (wet-backs) de México. El comando para sorpresa de los norteamericanos lo dirigía una joven mujer puertorriqueña de 34 años de edad de nombre Lolita Lebrón, operaria de una máquina de coser en una factoría de Nueva York con un sueldo de 45 dólares a la semana, y era además poetisa. Las armas que utilizaron en el ataque fueron cuatro pistolas alemanas Luger calibre 45. El reportaje del Times venía acompañado de una dramática foto del momento del arresto de tres nacionalistas: Lolita Lebrón, de 34 años ; Rafael Cancel Miranda, de 25 años; y Andrés Figueroa Cordero, de 29 años. Todavía no habían capturado un cuarto conjurado, Irvin Flores Rodríguez, de 27 años, que había burlado la vigilancia policiaca y escapado del lugar.

Los cuatro eran residentes de la ciudad de Nueva York y habían comprado en la calle 42 boleto de ida en tren para Washington, D.C. porque no pensaban regresar vivos de la odisea.


La verdadera historia

Lolita Lebrón era una joven emigrante que había llegado a Nueva York en 1940. Pronto fue víctima de los prejuicios y del racismo de ser pobre, campesina y puertorriqueña. Tuvo diversos empleos porque se rebelaba cuando sentía el maltrato a que eran sometidas las mujeres boricuas en las factorías. Ingresa al Partido Nacionalista en 1947 y sin nunca llegar a conocerlo personalmente sentía devoción por el líder del nacionalismo Don Pedro Albizu Campos. En 1954 es nombrada Delegada General del Partido Nacionalista en Estados Unidos y poco después recibe instrucciones para “atacar tres sitios los más estratégicos del enemigo” en Estados Unidos y proclamar desde allí la República de Puerto Rico. Lolita Lebrón acepta la encomienda y coordina los preparativos del ataque con los nacionalistas elegidos para inmolarse. Los escogidos fueron Rafael Cancel Miranda, Andrés Figueroa Cordero e Irvin Flores Rodríguez. El objetivo seleccionado para el ataque fue la Cámara de Representantes en el Capitolio Federal en Washington, D.C. La fecha, el 1ro. de marzo de 1954.



El nacionalismo pasaba por una crisis
 

La situación en que se encontraba el nacionalismo era crítica. La insurrección del 30 de octubre de 1950 había sido aplastada y numerosos patriotas estaban encarcelados en prisiones de Puerto Rico y Estados Unidos. Don Pedro Albizu Campos desde la cárcel La Princesa de San Juan denuncia que se le ha estado atacando en prisión con radiaciones, querella que aprovecha el Departamento de Justicia para declararlo “loco”, lo cual sirve de excusa al gobernador Luis Muñoz Marín para indultarlo con el propósito de quitarse de encima la presión de varios gobiernos latinoamericanos que le pedían su excarcelación. Albizu convalecía en su hogar en el viejo San Juan. Pero todavía daba orientación y era la inspiración de los patriotas nacionalistas. En su estrategia el magnicidio de ciertos personajes de la cúpula gubernamental estadounidense era de suma importancia para llamar la atención del mundo sobre colonialismo de E.E. U.U. en su patria y para dinamizar la nacionalidad puertorriqueña.


Lolita decide sumarse al comando suicida
 

Lolita Lebrón escogió el 1ro. de marzo de 1954 como el día a llevarse el atentado contra el congreso de Estados Unidos. Marzo había sido un mes aciago en la historia del Partido Nacionalista pues el domingo de Ramos del 22 de marzo de 1937 la policía de Puerto Rico dirigió un ataque armado contra una concentración de nacionalistas que se conoce en la historia como la masacre de Ponce. Ese 1ro. de marzo también se iniciaba en Caracas, Venezuela, la Conferencia Interamericana donde Estados Unidos llevaría la voz cantante y esperaba refrendar su hegemonía sobre Latinoamérica y el Caribe.

Se suponía que Lolita Lebrón no participaría en el asalto pero en último minuto decidió participar y pidió a su compañero Rafael Cancel Miranda que le diera una de las pistolas Luger 45 que este portaba y se sumó al comando.

Llegaron al Capitolio en Washington, D.C., entraron y subieron a la galería alta de la Cámara de Representantes y se situaron en una posición donde los congresistas eran blancos perfectos para el ataque. Antes de atacar se encomendaron a Dios. 


Lolita Lebrón desplegó entonces la bandera nacional de Puerto Rico en la baranda del balcón de la galería, gritó “Free Puerto Rico now” y abrió fuego con sus compañeros creando un pandemonium en el Capitolio Federal. Eran las 2:32 de la tarde del lunes 1ro. de marzo, la hora en que se llevó a cabo el atentado y 243 congresistas estaban en sesión. Cinco congresistas fueron heridos: Alvin M. Bentley, republicano de Michigan, Ben F. Jensen, republicano de lowa; Clifford Davis, demócrata de Tennesee; George H. Fallon, demócrata de Maryland; y Kenneth A. Roberts, demócrata de Alabama. Los primeros tres fueron gravemente heridos y los últimos dos recibieron heridas leves en sus piernas. Ninguno resultó muerto y los heridos de gravedad sobrevivieron. Tres nacionalistas fueron arrestados y uno logró escapar pero fue capturado poco tiempo después.

Los hechos de los nacionalistas boricuas tienen inmediatas repercusiones internacionales y en la propia política de Estados Unidos. El Estado Libre Asociado (ELA) fundado en 1952 no había podido detener las acciones nacionalistas después de la rebelión de 1950.

Los países latinoamericanos señalan que es el colonialismo de EE.UU. el que genera la violencia de los nacionalistas puertorriqueños. Estados Unidos por voz de su presidente Dwight D. Einsenhower le ofrece la independencia al gobierno de Puero Rico pero el gobierno la rechaza.

La casa donde convalece Albizu Campos en Puerto rico es entonces sitiada por la policía que viene a arrestarlo por los hechos del Congreso. Después de un dramático tiroteo, lo sacan inconsciente debido a las bombas de gas que lanza la policía dentro de su hogar.

El gobernador Luis Muñoz le había revocado el indulto que le había otorgado el 23 de septiembre de 1953. Se le arresta ilegalmente porque todavía no se había establecido conexión alguna entre el ataque al Congreso y su persona. Además el indulto era irrevocable. Pero Muñoz Marín obedecía órdenes de Estados Unidos de meterlo a la cárcel. Lo único que tenían en su contra era una declaración que hizo al periódico El Imparcial, donde se refería a los hechos como un acto de “Sublime heroísmo”.

Los cuatro nacionalistas fueron acusados por el Gran Jurado de cinco cargos de intento para cometer asesinato y cinco cargos de asalto con armas de fuego.

En total diez cargos por persona. Se les impuso una fianza de cien mil dólares a cada uno que no pudieron pagar por ser muy altas (para esa época, claro está), y además porque eran trabajadores pobres y ningún rico se atrevía a fiarlos, por lo que fueron recluidos en la cárcel a esperar el día del juicio.

El juicio de los cuatro nacionalistas se celebró en la corte de distrito de Estados Unidos en Washington D.C., el miércoles 4 de junio de 1954. El fiscal del proceso fue Leo Rover. Presidió el Juez Alexander Holtzoff. Fue un dramático juicio, en particular por las declaraciones de Lolita Lebrón cuando ésta fue sentada a testificar.

En una ocasión declaró: “Mi propósito era venir a la capital de los Estados Unidos de América y morir por la libertad de mi patria”. Luego el caso pasó al jurado el 16 de junio. El jurado los declaró culpables, a Lolita Lebrón de cinco cargos de asalto con arma de fuego y a sus tres compañeros de cinco cargos de atentado a la vida y cinco cargos de asalto con un arma de fuego.





Fueron sentenciados el 8 de julio de 1954. A Lolita Lebrón se le sentenció a cumplir de 16 años y 8 meses a 50 años de cárcel. A sus tres compañeros se les sentenció de 20 a 75 años de cárcel cada uno.

Ni Lolita Lebrón ni sus compañeros aceptaron el derecho de salir de la cárcel en libertad bajo palabra (”parole”). Cumplieron 25 años de cárcel cada uno de 1954 al 1979, fecha en que el presidente Jimmy Carter les concedió un indulto incondicional.

martes, 25 de octubre de 2011

Antonio Valero de Bernabé: El Puertorriqueño Libertador de América


por Luis Echevarría

Fue por pura casualidad o era de esperarse.  Estuve leyendo varios libros biográficos sobre Simón Bolívar cuando me señalaron el nombre de Antonio Valero.  En ninguno de los libros que leí de Bolívar, se le mencionaba.  “Es un puertorriqueño que luchó con Bolívar y nunca lo abandonó”, me dijeron.   Fue cuando mi curiosidad me impulsó a indagar.   Le pregunté a conocidos, amigos, familiares y nadie sabía quién era.  Un desconocido por generaciones.


Así como miles, y miles de puertorriqueños que no conocemos quien fue el General Antonio Valero de Bernabé Pacheco, decidí hacer un escrito, sencillo, sobre él, con la esperanza que se publicara y cayera en la lectura de alguien, y de esta forma supieran quién fue, pues su vida es fascinante y admirable. 
 
....Un valor excepcional....
 
Fue en el pueblo de Fajardo en 1790 donde nació Antonio Vicente Miguel Valero de Bernabé Pacheco.   Su padre Cayetano Valero de Bernabé era oficial español de defensa y su madre Rosa Pacheco de Onormandía, criolla nativa de hacendada familia.  Cuando su padre muere, al cumplir los treces años, su tío lo envía a España a estudiar la carrera militar.  Con grado de teniente a los 18 años sale en campaña contra las tropas de Napoleón que invaden a España.  Seis años duró la guerra y Antonio Valero demostró un valor excepcional en el campo de batalla que lo llenó de numerosas condecoraciones, títulos y ascensos.  A la edad de 24 años es Coronel. 
 
Para Valero, y sus compañeros cercanos de armas, como Juan de O¹Donojú, el combate era por la libertad y la independencia de una patria frente al invasor.  La Libertad y las nuevas ideas liberales eran los temas más importantes del momento, por eso las logias masónicas fueron centros de reuniones que atrajeron a muchos oficiales como Antonio Valero.   Todos sus miembros deseaban el fin del régimen absolutista de Fernando VII que al terminar la guerra es restituido al trono. 
 
Fernando VII comienza una persecución contra todo aquel de ideas liberales, restableciendo el tribunal de inquisición y el envío de tropas a las colonias en América para retener su dominio y combatir las fuerzas militares libertadoras. 
 
Estos fueron los años del inicio de la conciencia emancipadora de Antonio Valero.  El siempre se sintió Americano entre los peninsulares. “Nací en la isla de Puerto Rico, y obligado desde mi juventud, a buscar educación y carrera que no podíamos hallar en nuestro país, bajo el gobierno español, pasé a la Península en el año 1803; allí escogí la carrera militar.”
 
....La conciencia emancipadora....
 
A comienzos de 1821, decide trasladarse a México, como ayudante de su amigo personal Juan O¹Donojú, quien acaba de ser nombrado Virrey de México.  El movimiento separatista en México, estaba en su más alto apogeo y la soberanía española era casi inexistente.  O'Donojú, de ideas liberales, desea un pacto con el General Agustín Iturbide, jefe de los revolucionarios con pretensiones de emperador, y se logra el Tratado de Córdova. 
 
Con este tratado, México se declara independiente de España.  El Coronel Antonio Valero es nombrado Jefe Mayor del ejército mexicano y se le otorga la Medalla de los Libertadores de México.  No pasa sólo unos diez meses cuando fallece  repentinamente, su amigo, el General Juan O'Donojú.
 
Apenas de un año de la nueva república, Iturbide se proclama Emperador y es respaldado por la mayoría del nuevo congreso.  Valero, que siempre ha repudiado la monarquía y sabiendo que pronto será perseguido por sus ideales liberales, decide dejar el país.   El reinado de Iturbide no dura dos años.  Es derribado por uno de sus generales, perseguido y  finalmente fusilado.
 
Antonio Valero sale del puerto de Veracruz con destino a Jamaica cuando estando cerca de Cuba, es abordado por piratas que entregan la embarcación a las autoridades españolas. “Estuve algunos días oculto, fui luego descubierto y confinado a un castillo.  Los buenos patriotas, que allí no faltan, me auxiliaron para mi fuga; y después de haber tocado en los Estados Unidos, tuve la anhelada satisfacción de llegar al puerto de La Guaira.”
 
Los buenos patriotas, que nos narra Valero eran miembros del llamado movimiento separatista Conspiración los Rayos y Soles de Bolívar.  Estos provenían de Argentina, Colombia, Ecuador y Cuba.  Es con ellos que Valero desarrolla un plan militar, que conduce hacia la expedición libertadora de Puerto Rico.
 
El plan era en acorde con el ideal bolivariano que Puerto Rico se integrara a la Gran Colombia.   Hacer un estado independiente llamado Borinquen, su antiguo nombre, y honrar la Constitución de la Gran Colombia. 
 
Antes de su llegada a Venezuela, desembarca en la isla de Saint Thomas por unos días y establece relación con representantes del movimiento separatista de Puerto Rico.
 
....Tenga siempre su nombre....
 
Tiene 33 años cuando toca tierra venezolana y de inmediato se presenta al General Carlos Soublette que desempeñaba la Intendencia de Venezuela y estaba encargado de la Dirección de la Guerra en los Departamentos del Norte de la República.  Este lo acoge por su deseo de servir a la causa bolivariana, por su educación y capacidad militar que tanto se necesitaba en esos momentos.  Soublette, le propuso al General Francisco de Paula Santander, Vicepresidente de la República de Colombia, el nombramiento de Valero con el rango de General de Brigada en el ejército colombiano.
 
Se le nombra Jefe de la Segunda Columna y su primera misión es la de auxiliar las tropas de Bolívar en el Perú.  Antes de su partida. acompañado por una comisión recién llegada de Cuba le presentan a Santander el plan para liberar a Puerto Rico y Cuba.  Santander les explica que por el momento la atención del ejército colombiano es expulsar el ejército español del Perú.
 
En marcha, se encuentra con el General Antonio José de Sucre que derrota al ejército realista en la batalla de Ayacucho, consumiendo la independencia del Perú y, en definitiva, la de toda la América del Sur.  Al llegar a Lima a principios de 1825, se presenta al Libertador.  Bolívar ese mismo día le escribe a Santander: “Hoy ha llegado el General Valero con su hermoso batallón, y he dicho que le pongan el nombre de Caracas, que dejó en Ayacucho; porque es preciso que la cuna de la independencia tenga siempre su nombre en el ejército.  No he hecho más que verlo, pero me parece un excelente oficial, por lo que he oído de él y por su fisonomía. Le he dado el mando de la división que sitúa al Callao a las órdenes del General Sálom.”  El Callao, era el único territorio peruano, en que el ejército español no deseaba abandonar.
 
Valero, siempre con el deseo de liberar a Cuba y Puerto Rico le presenta el plan a Bolívar.  Este le responde las mismas razones que Santander le ofreció, pero le comenta que tiene el deseo de la liberación de las islas antillanas. 
 
Sabemos que Antonio Valero era un hombre apuesto, gentil con el sexo opuesto, fuerte de carácter, firme en sus palabras, culto, cordial, un poco sedentario, nómada, nada sosegado, sociable, y  excelente ventrílocuo.  Este don en que en una época era considerado como sobrenatural, le salvó la vida en varias ocasiones y lo utilizaba con humor.  En una ocasión en un banquete un famoso general se proponía a cortar un camarón y éste le dijo con voz de lástima:  “No me coma usted, por amor de Dios, soy padre de familia y tengo a quien hacerle falta.”  El general dejó caer los cubiertos y se quedó perplejo al oír hablar al camarón.
 
Cuentan sus amigos que en el campo de batalla era “un león desencadenado”. Durante su estadía en el Perú traduce del francés la obra Consideraciones del Arte de la Guerra del Barón de Rogniat, la cual se la dedica a Simón Bolívar.
 
A principio de 1826, se le ordena ir a Panamá a defender sus costas de los intentos de reconquista por España que provenían de Cuba y Puerto Rico.  Cuando el general Soublette lo designa Subjefe de Estado Mayor General del Ejército de Colombia, también se le concede el busto del Libertador del Perú y la medalla del Callao por su valerosa campaña en contra de los realistas. Valero se siente agradecido por el honor recibido.
 
... Un estorbo para sus planes....
 
La guerra de independencia americana en esta parte del continente ha terminado.  El poder de España en América había llegado a su fin. Sólo Puerto Rico y Cuba quedaban bajo el dominio español que inmediatamente las refuerzan militarmente por todos lados.
 
El genio de Bolívar ha liberado a los que es hoy Venezuela, Ecuador, Perú, Colombia, Panamá y creado a Bolivia.  El Libertador con su colosal empresa de unir a todas las nuevas naciones invita a México, Chile, Argentina y las Provincias Unidas de Centro América formadas por Guatemala, Costa Rica y Nicaragua, a ser parte de una confederación, llamándolas a reunirse en una asamblea general,  El Congreso de Panamá. 
 
Después de cinco años de campaña en el sur del continente, Bolívar regresa a Bogotá.  Es el General Antonio Valero quien lo recibe y parten juntos hacia Panamá.
 
La guerra contra España había terminado, pero la guerra política interna era cada vez más violenta.  Tan pronto se independizaron, comenzaron sus líderes en conjunto con la vieja y nueva oligarquía a querer la desunión de la Gran Colombia.   Bolívar era un estorbo para sus planes.
 
El Congreso antes de comenzar tenía un fracaso asegurado, pues las presiones de discordia que existía entre los líderes de las nuevas naciones, en especial el antagonismo entre los generales José Antonio Páez de Venezuela y Francisco Paula Santander de Colombia eran graves.
 
Entre los temas a discutir estaba la expedición para liberar a Cuba y Puerto Rico.  Tanto para Valero como Bolívar la expedición representaba una integral liberación de toda la América que ha sido hispana y el aseguramiento de su defensa.  El plan de Bolívar, desde el punto de vista político y militar, era por tanto perfectamente lógico.
 
Pero este tema era de importancia especial en los Estados Unidos, Francia, Inglaterra y México.  Cada uno de ellos tenía su propio interés en las islas.  Esta compleja situación llevó a Bolívar a volver a considerar su expedición, pues en esos momentos su más importante deseo era que los países europeos y los Estados Unidos reconocieran a las nuevas naciones y sin el apoyo económico y político de Inglaterra, la expedición libertadora no se podía lograr y mantener.
   
En definitiva, la expedición no se efectuó.  Bolívar la siguió considerando en varias oportunidades, hasta que durante su visita a Caracas en 1827, primero volvió a examinar como posible, y luego desistió definitivamente de ella. 
 
Valero observó como se desvanecía su esperanza, y también observó cómo Bolívar hizo todo lo posible a su alcance por lograrlo.  Desde estos momentos se engrandeció la confianza y la amistad entre los dos que estuvo latente toda la vida.
 
....Ante sus ojos...
 
Eran tiempos críticos para el Libertador, pues su ideal de integrar a todos los territorios liberados en una sola y poderosa Nación era destruida antes sus ojos.
 
Antonio Valero se expresa indignado por los acontecimientos.  “Mientras los gobernantes alienten ellos mismos las pasiones haciéndose banderías los gobiernos, sin respeto a la ley, la justicia y la razón, y no procuren con medidas sabias mejorar las costumbres y calmar las pasiones, sin perseguir a los ciudadanos, sin hacer distinción de vencedores y vencidos, no habrá tranquilidad y progreso.”
 
El gobierno de Venezuela lo nombra Comandante de Armas de la provincia de Caracas y Simón Bolívar lo integra a la Junta de Generales que redactará la Ordenanza Militar de Venezuela.  Estos títulos fueron las bases para nuevos nombramientos. 
 
Mientras tanto, con una maquiavélica sutileza, Páez va tramando con apoyo de militares y civiles ser el caudillo de la nueva nación.  Nombra a Valero, Jefe de Estado Mayor del Ejército de Venezuela y Secretario de Estado para el Despacho de Guerra y Marina. Páez no confiaba en Valero, pues todos sabían su sentido de lealtad a Bolívar. 
 
Los ataques contra el Libertador continúan despiadadamente.  Se conspira contra su vida, se rebelan contra sus decretos, su presidencia, dueños de periódicos organizan campañas de descrédito, en fin nada positivo se producía en torno suyo.  Bolívar comenta en esos momentos,  “Ardua y grande es la obra de constituir un pueblo que sale de la opresión por medio de la anarquía y la guerra civil, sin estar preparado previamente para recibir la saludable reforma a que aspiraba”.
 
En 1829 el Congreso de Venezuela convoca a una asamblea declarando su separación de la Gran Colombia, encarga a Páez al nuevo mando, declarar una nueva Constitución y proscribe a Bolívar fuera de su territorio.  Valero fue uno de los pocos que permaneció fiel al Libertador y en medio de aquel acto de traición alzó su voz de protesta.
 
De inmediato se le fabricó un caso de ser cómplice en una conspiración, pero nunca se le probó su culpabilidad, sino presunciones y deciden expulsarlo del país. En octubre de 1830, es expatriado de Venezuela, estableciéndolo en la isla danesa de Saint Thomas.  Dos meses más tarde se entera de la muerte de su gran amigo.  Bolívar expira en Santa Marta, Colombia.
 
.... Una neutralidad en el conflicto...
 
La vida de destierro es dura, sin familia y solo.  Una amarga desesperanza le acompañaba.  Su tierra natal era una silueta a la vista.  Escribe constantemente al gobierno de Venezuela de su deseo de volver.  De todos los que fueron expulsados al destierro en Saint Thomas,  él fue el único que no la abandonó.  Después de un año, La Suprema Corte Marcial suspende la inhabilitación política que lo había desterrado.
 
Antonio Valero se había casado en España a los 21 años con María Madrid, mujer de acerado temple que lo acompañó a México, en la prisión de La Habana y en su compromiso libertario.   Al regreso a Venezuela fija su residencia en el pueblo de San Sebastián de los Reyes con su esposa y sus dos hijas adolescentes.  Retirado a la vida privada, en un ambiente apacible, rodeado de nuevos amigos, funda un establecimiento mercantil y sembrado de café.
 
A comienzos de 1834, finaliza el período presidencial de Paéz y éste recomienda la candidatura del Doctor José María Vargas.  El Dr. Vargas quien estuvo residiendo en Puerto Rico por varios años, gana por elección como nuevo presidente de la nación.  Pero aquellos militares que participaron en la guerra de independencia no lo aceptan y en menos de un año le quitan el poder por la fuerza, en una guerra de sangre y destrucción.
 
Antonio Valero decide mantener una neutralidad en el conflicto, pues tenía amigos de ambos lados.  Pero el sereno quehacer de su vida es interrumpido por la muerte de su esposa.  Mientras el tiempo mitiga su pesadumbre, decide hacer un largo viaje por el país.  Antes del viaje conoce a Trinidad Lara Martínez y a su regreso a la edad de 50 años, contrae segundas nupcias.  Con Trinidad Lara procrean ocho hijos en el curso de sus vidas. 
 
En 1842, doce años después de haber muerto El Libertador, sus restos son enviados a Caracas y entre su escolta, se encuentra el General Antonio Valero vestido en su uniforme militar.
A su regreso decide ser agente corresponsal en San Sebastián del periódico El Venezolano, el diario más importante del país y comienza un cierto activismo político.  En 1847 el nuevo presidente es José Tadeo Monagas, antiguo colaborador de Paéz y ex compañero de armas de Antonio Valero.
 
..... Como lo hacen los lobos....
 
Desde la muerte del Libertador, el país ha estado en una continua lucha de poderes y alzamientos militares entre los conservadores y liberales. Monagas fue electo por el voto conservador, pero hace una política propia alejándose de Antonio Páez, y de los oligarcas, acercándose al partido liberal.  En San Sebastián como en el resto del país la lucha política enfebrecía y encrespaba las pasiones.  Paéz se alza contra Monagas y hace un llamado por su derrocamiento.
 
El General Monagas llama al servicio a Valero y lo designa Comandantes de Armas de la Provincia de Coro.  Su deseo era estar con su trabajo y su familia, pero él era un militar natural y luchador. 
Por su valor, sacrificio, vencedor de importantes batallas y en defensa de la nación se le ascendió a General de División.  Después de la guerra regresa a San Sebastián con su familia y sus negocios.  A fines del año 1850 cuando el General Antonio Valero de Bernabé tiene 60 años se le condecora con el Busto del Libertador, su más preciado honor.   En los próximos años es ascendido a Comandante de Armas de Cumaná y de Caracas y luego desempeño la Secretaría de Guerra y Marina. 
 
En 1855 es electo el General José Gregorio Monagas, hermano del saliente presidente.  José Gregorio ejerce un gobierno más aristocrático, arrogante, de corrupción administrativa, que da comienzo al disgusto del pueblo y de los líderes políticos.  La larga administración de los Monagas termina en 1858 cuando el General Julián Castro con el apoyo de una unidad temporera entre liberales y conservadores derrota sin mucha resistencia a Monagas. 
 
Como dijo Bolívar, “Cuando yo deje de existir, esos demagogos se devorarán entre sí, como lo hacen los lobos, y el edificio que construí con esfuerzos sobrehumanos se desmoronará en el fango de las revoluciones”. 
 
Tan pronto como Castro tomó la presidencia, las fuerzas conservadoras tomaron el control y con Castro a su lado expulsan del país altos líderes liberales.  Esto es el comienzo de la Guerra Federal que por cinco años incendia al país desde sus mismas raíces.   Antonio Valero responde el llamado de Castro a ser pacificador en la contienda, pero palpa que es inútil y renuncia a su cargo.  Era una guerra entre los liberales y conservadores, ahora llamados federales y centralistas.
 
.... Las afecciones más caras de la vida...
 
Tiene 69 años y sólo desea reposo y vida familiar antes que la guerra.  No sólo son los acontecimientos, pero la presión de sus amigos hace que acepte a unirse a las fuerzas federales.  Los centralistas remplazan a Castro por su vicepresidente Manuel Felipe Tovar.
 
Los federalistas eran encabezados por Ezequiel Zamora y Juan Falcón antiguos subalternos de Valero.  Según Antonio Valero, “El General Ezequiel Zamora es la cabeza del ejército y el alma de la revolución”.  Pero al morir Zamora en combate,  Falcón asume la dirigencia de los ejércitos.  Valero asenta un juicio crítico y descarnado sobre Falcón acusándolo de indisciplinado con las tropas y torpe e imbécil en sus maniobras militares que causan la derrota de las fuerzas federales.  “Se disolvió un ejército tan numeroso que tres días antes era el porvenir de la Federación Venezolana.”
 
No le cuesta más remedio que refugiarse en tierras colombianas y emprende un impresionante y peligroso viaje por las cordilleras andinas de altas cumbres, profundos precipicios y fragosas sendas, este guerrero que avanza con vigoroso temple a la edad de 70 años.
 
Al llegar a Bogotá, Valero es bien recibido por sus viejos amigos, pero siente la angustia de estar de regreso con su esposa y su familia.   Se establece en Cúcuta, en la frontera con Venezuela, cuando comienza a sentirse enfermo.  En un momento de meditación y reflexión  “Esta vista diaria del suelo de la patria, agrava mi situación y enfermedad. Me encontraba en lucha continua de encontrados efectos y de opuestos sentimientos y deseos.  Por un lado me arrastraba el de volver a la patria querida, en donde he dejado las afecciones más caras de la vida, esposa, hijos e intereses. Por otro, el temor que naturalmente engendra los peligros de las persecuciones y el malestar que se debe experimentar por consecuencia de las pasiones que son consiguientes en la lucha sangrienta sostenida en una guerra, por dos partidos que se odian y se detestan disputándose el poder uno para libertar la República y el otro para esclavizarla con el dominio de esa misma tierra, que tuvimos precisión de abandonar por consecuencia de la lucha...y refugiarse en tierra extraña aunque amiga y hospitalaria, sin recursos para comer el amargo pan del ostracismo; y mucho más se padece, sí día y noche se tiene a la vista la tierra amada sin facultad de poder ir a pisar su territorio.”

En Venezuela, el gobierno hace un llamado a Páez que se hallaba emigrado en la ciudad de Nueva York para que tome el mando de la república y éste lo acepta.  Antonio Valero hace varios intentos para poder regresar con su familia, pero Páez se lo impide.
 
Es en medio de su desesperación cuando el General Tomás Cipriano de Mosquera, antiguo compañero suyo, ha sido nombrado por el Congreso, Presidente Provisional.  Mosquera da un decreto de derecho a sueldo y pensión a los militares de la antigua Colombia, que hubieran hecho la Guerra mayor de la Independencia. También le nombra Comandante en Jefe de la 1ra División, con destino al Estado de Boyacá y luego Jefe del Estado Mayor del Ejército de Colombia. 
 
En abril de 1863 termina la Guerra Federal en Venezuela y Valero decide regresar a su familia, renunciando a su posición en el ejército de Colombia.  Pero Antonio Valero nunca vuelve a ver a su esposa y a sus hijos.  Un repentino ataque apoplético corta su vida y el 7 de junio de 1863, a la edad de 73 años muere el prócer americano. 
 
Su cadáver fue conducido al Cementerio, pero como no tenía familiares en Bogotá, ni nadie que cuidase por sus intereses, no hubo señalamiento especial del sitio donde fue enterrado.   En 1874 el Presidente de Venezuela Guzmán Blanco erigía el Panteón Nacional en donde serían conservados los restos de los Próceres de la Independencia, entre los cuales se incluía al General Antonio Valero de Bernabé, pero nunca se encontraron sus restos.
 
Simón Bolívar dijo una vez: “El que lo abandona todo por ser útil a su país, no pierde nada y gana cuanto le consagra.”